No sabes cuánto te añoro. Espero todos los días esos momentos de caricias y juegos, los ratos tranquilos cuando tus dedos como sin querer me buscan y pequeños calambres eléctricos recorren mi espalda, los paseos, no importa la estación, por nuestros lugares preferidos, uno junto al otro.
No sabes cuánto añoro los fines de semana y las vacaciones, para poder estar más tiempo a tu lado y la rabia que me da cuando acaban y vuelvo a pasar los días sin ti, hasta la noche que vuelves del trabajo y dibujamos día a día el reencuentro. Como si estuviésemos hechos el uno para el otro, no necesitamos palabras; estar juntos es suficiente para que los problemas desaparezcan.
Aunque tú no estés, me pierdo en esos ojos tuyos que me dibujan llenos de amor, que me observan en cada movimiento... tanto que los siento tras de mí y los imagino risueños o preocupados acompañando mis estados de ánuimo.
No te preocupes amor que nunca te abandonaré, no sería nada sin ti. Creo que moriría si tu mueres, enfermaría en tu enfermedad, perdería la cabeza si tus ojos no me siguieran llenos de amor y preocupación.
De añoranza dormito en la ventana esperando que vuelvas a casa, recorro la casa buscando tus olores, tu presencia. A veces creo verte en tu sillón, en la cama y me acurruco en el hueco que deja tu ausencia, para estar más cerca de ti.
Añoro las fiestas, divertirme con los amigos, las carreras por el monte y los baños en el río, pero cambiaría todos esos momentos por unos minutos de intimidad contigo, te quiero, te necesito, te anhelo.
Añoro la cadena que nos une y los leves amarres de tus fuertes brazos, es todo extraño, reconozco y atiendo cuando me llamas y me gusta cómo suena mi nombre,Quinbo, cuando lo pronuncias, es todo muy extraño pero nadie desaprueba que compartamos nuestra vida.
Te añoro, te añoro... es decir, te quiero. Aunque tú seas una gran persona y yo, tu fiel perro.
Saludos desde el faro
Saludos desde el faro


